Portada y reseña de EL ÚLTIMO REY




Ilustración de portada: Lamia, de J. W. Waterhouse.




Belssor, el centro del mundo. Todos los reinos humanos estaban sometidos a los designios de una ciudad. Su rey era considerado el Supremo entre sus pares, el comercio, las leyes, el arte, aun los ritos sagrados, todo giraba alrededor de la Perla de Oriente, y durante treinta y cinco mil años Belssor les dio a cambio hegemonía y paz. Pero una noche, la irrupción de un dragón moribundo en el Palacio Real despierta a los hombres de su largo letargo: el Fin del Mundo está por desatarse, el tiempo de los dragones se acerca.

Eähsel Avinnicia, una muchacha soñadora y angelical, hará lo imposible para salvar a su familia y conservar el linaje real
mientras el caos y la anarquía invaden los diversos reinos humanos tras la partida de su padre, el Rey Supremo, a la guerra. Pero aunque cuenta con leales aliados, nada ha preparado a la joven princesa de Belssor para enfrentarse al terrible peligro que la amenaza.

Un enemigo suelto, una guerra que se aproxima, una serie de intrigas palaciegas y una búsqueda desesperada, son los argumentos que dan inicio a EL ÚLTIMO REY, la primera entrega del CÓDEX DRACONIS, una saga en la que el destino de hombres y dragones se entrecruzará peligrosamente hasta que al fin una de las dos razas emerja como la especie dominante.

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LA GENESIS DEL CODEX DRACONIS


La idea primitiva de El Codex Draconis nació hacia el año 1993, cuando quien escribe contaba con 17 años, fruto de la inspiración que provocó en el autor la lectura de los siete libros de Las Crónicas de Narnia. Entonces tenía otro título y se trataba de un libro autoconclusivo, pero en lo medular el relato era bastante parecido a lo que es hoy: en el mundo mágico de Qaldaë Barei (un lugar plano e infinito hacia todos lados) un antiguo y poderoso hechicero, prisionero en las montañas que dividen el mundo en dos por haber tratado de conquistarlo y someterlo a sus designios, escapa de su reclusión con ayuda de sus demonios y se refugia del otro lado de la cordillera, en lo más profundo de un extenso país llamado Elôkar, tierra de nieblas y brujería. El rey de los reinos humanos, llamado por aquel entonces Alfonso (sean clementes, acababa de leer El Cantar del Mío Cid y no estaba muy creativo para los nombres), decide cruzar las montañas junto a un ejército para capturarle, pero no se sabe más de él. Asustada por esta circunstancia, una de sus hijas, Catalina (sí, el nombre lo tomé de Catalina la Grande, de Rusia), va detrás de su padre y tampoco retorna. En este contexto, los sabios de ese mundo deciden llamar a alguien que los ayude y al invocar sus conjuros quien aparece es un joven humano de nuestro mundo: es posible que su nombre por aquel entonces fuese Julián, no lo recuerdo con exactitud pues lo cambié muchas veces. Se le encomienda la misión de buscar al rey y a su hija, y Julián cruza las montañas en compañía de un caballo alado que hablaba, Geflügel, y de una adorable mariposa parlanchina, Luar, que se cuela para vivir su propia aventura. Pero Julián se da cuenta que en el viaje no sólo afrontará múltiples peligros, sino que el paisaje va cambiando como si hubiese llegado a los albores de la humanidad y avanzase a través del tiempo: llega a un paraje volcánico primero, luego a un bosque de coníferas con insectos gigantes, luego se enfrenta a los primeros reptiles y dinosaurios, para finalmente llegar a la historia humana, con los primeros registros escritos, las grandes civilizaciones y algunas escenas de tiempos más recientes, pero nunca contemporáneos, hasta que llega al castillo embrujado del Hechicero y rescata al padre y a su hija. No pude evitar plasmar en mi primera novela de fantasía mi gran pasión por los dinosaurios y por la historia.

La novela, como se aprecia, era bastante simple y nació, literalmente, fruto del amor entre el arte y la música, ya que antes de plasmar la idea en palabras lo hice a través de un dibujo (un croquis muy feo si he de ser honesto, pero que contenía la idea general del rey, su hija, las montañas y el brujo en lo profundo), dibujo que, por su parte, se inspiró en la música de mi conjunto favorito, la Electric Light Orchestra, específicamente en el álbum Eldorado, que trata sobre la travesía de un soñador que abandona su mundo, vive su propia aventura, y retorna a casa... o muere, según cómo se interprete. La similitud con la trama original de mi novela salta a la vista.





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PRINCIPALES PERSONAJES





Durante tres mil quinientos años todos los reinos humanos que conforman la Mancomunidad han estado sometidos a los designios de la ciudad de Belssor. Pero un día, la irrupción sorpresiva de un dragón moribundo en el palacio vino a confirmar las profecías escritas en los libros sagrados: el fin del mundo está por desatarse, el tiempo de los dragones se acerca.

El rey decide partir con sus huestes más allá de la cordillera de Ethrän para detener a Zarkon, un peligroso hechicero que ha escapado de prisión tras pasar siglos encerrado y que ahora amenaza con invadir la capital mediante su ingente ejército, formado por espectros vampíricos y muertos reanimados. Será la hija del monarca, otrora una muchacha soñadora y angelical, ahora convertida a la fuerza en soberana, la que hará lo imposible para salvar a su familia y mantener la estabilidad, mientras el caos y la anarquía se apoderan de los diversos reinos. Pero aunque cuenta con leales aliados, ¿estará preparada la joven princesa para enfrentarse al terrible peligro que la amenaza?



El argumento de «El último rey», aunque corre por varios carriles que se desencadenan en forma paralela, gira principalmente en torno a la figura de Eähsel Avinnicia, la segunda de las hijas del rey de Belssor, la más importante de las ciudades humanas y capital de los reinos del este unidos en torno a la alianza conocida como la Mancomunidad del Gran Godán. Transformada de pronto en reina, Eähsel tendrá que hacer uso de todo su ingenio y sangre fría para permanecer en el poder y evitar que otros poderosos reyes vecinos, que ambicionan para sí el sitial de Belssor, la derroquen en ausencia de su padre. Pero además deberá hacer frente al enemigo que, con su retorno, ha traído de vuelta los rumores de guerra: Zarkon, el más grande de los hechiceros del mundo antiguo.

Sin embargo, las dificultades que enfrentará Eähsel son solo una de las aristas del juego de poder que comienza a desplegarse: el verdadero enemigo no es la traición de sus cercanos, ni el peligro siempre latente del terrible hechicero que ha recobrado su libertad. Las potencias que han despertado son criaturas antiguas, siniestras, que han estado aguardando durante miles de años para manifestar su poder y apoderarse de tres objetos mágicos cuyo origen se pierde en viejas leyendas, que los eruditos conocen bajo la denominación común de «la Tríada de Drakar», creada por la antiquísima civilización de los dragones en tiempos inmemoriales, los que usados en conjunto permitirían a su controlador obtener un poder ilimitado que, entre otras cosas, conferiría vida eterna. La aparición de uno de dichos objetos, Valkalaur, marca el inicio del temido Tercer Imperio de Dra, provocando el retorno de una raza que se creía extinta: la de los dragones, y el regreso de quien fuera su último y más misterioso rey, Goldrag Nogardí, el Sacerdote de los Muertos.